Vestirse en verano no es tarea fácil, da igual en qué rincón del mundo te encuentres. Es uno de los mayores quebraderos de cabeza de la moda: cómo plantarle cara a una ola de calor y seguir pareciendo una persona en sus cabales, con un aspecto cuidado y profesional. Si tienes la mala pata de estar tragándote el trayecto a la oficina en estas mañanas pegajosas, sabes perfectamente a qué me refiero.
Un vestidito de lino suelto queda fenomenal si te está dando la brisa en la costa, pero en plena ciudad a veces resulta demasiado informal. Lo mismo pasa con los pantalones de lino, que son gloriosos para el fin de semana pero patinan un poco si tienes esa reunión clave de los lunes.
Para arrojar algo de luz sobre este drama podemos fijarnos en Gillian Anderson, que nos ha estado regalando desde el clima soleado de Cannes una clase magistral de looks impecables (y bastante asequibles) para sobrevivir al bochorno. Hace unos días se plantó en un photocall del festival de cine con el mono negro definitivo para esta época del año. Cuello camisero, manga corta y pernera ancha: lo tiene todo. Es lo bastante formal para el día a día, fresco para aguantar el transporte público y tiene ese punto camaleónico para subirlo o bajarlo de tono según te dé. La joya en cuestión es de Me+Em, una firma británica de gama media que se está colando en los armarios de oficina modernos y que, por cierto, está agotando existencias a velocidad de vértigo.
Parece que Anderson le ha cogido el gusto a la marca, porque también se dejó ver con otro de sus diseños: un vestido blanco hasta los tobillos, elevado con un ribete a contraste que hace tipazo. El truco maestro de ambas prendas es su “lino antiarrugas”, una mezcla inteligente con viscosa pensada para que la ropa no se te quede hecha un acordeón a los cinco minutos de sentarte, convirtiéndolas en opciones de lo más sensatas.
Los dilemas de andar por casa
Una vez resuelto el envoltorio exterior, la conversación da para mucho más. En un episodio especial reciente del podcast The Run-Through, Nicole y Chioma sentaron a la mesa a Liana Satenstein, antigua redactora de Vogue y responsable de la columna Addressed, para desgranar las dudas más urgentes de la temporada. A Liana le gusta meter el dedo en la llaga sobre lo que nos ponemos y lo que no, como aquel debate de su columna sobre si el sujetador es obligatorio en el entorno laboral. Respuesta corta: depende. Eso sí, en lo que todas estuvieron de acuerdo fue en que el mítico push-up asfixiante (o el “sujetador de filete de pollo”, como lo bautizó con guasa Sarah Mower de Vogue Runway) ya no tiene cabida.
Y luego está el siempre espinoso asunto del calzado. Hablando en caliente sobre el desfile crucero 2027 de Chanel de Mathieu Blazy, donde debutó el polémico antizapato, hubo tela que cortar. Liana lo sentenció como “¡carnaza falángica para la posteridad!”. Midiendo mucho las palabras, la experta lo calificó como unas semisandalias deliciosamente dementes. El veredicto general apuntó a que el invento de Blazy no nació precisamente para patear las mugrientas calles de la ciudad, pero seguro que no tardamos en verlo pasear por alguna alfombra roja o a pie de playa. Para la inmensa mayoría de mortales que quieran enseñar los dedos por las aceras de Nueva York (o Madrid) este verano, unas Birkenstock o unos tacones kitten siguen siendo la apuesta más pragmática para rematar esos looks de lino que comentábamos antes.
La temporada de calor también arrastra otro tipo de marrones logísticos. Ya sabes, qué hacer con esa ropa heredada de un ser querido que te queda fatal pero te da pena tirar (una auténtica losa psicológica) y cómo mantener un poco de orden en armarios minúsculos. El consejo de Liana es tirar de cronómetro. Sesenta segundos. Encuentra una sola cosa que no te pongas; seguro que eres capaz. Haz esto una vez al día y, al final de la semana, tendrás siete prendas listas para donar y quitarte de en medio.
Al final, la moda estival es una carrera de obstáculos constante. Entre descifrar cómo montar un look decente para la oficina a cuarenta grados, organizar la lista de la compra de rebajas o entender de una vez las reglas modernas para ir de boda (que, por suerte, piden a gritos algo más de matiz que el aburrido “no vayas de blanco”), hay margen de sobra para experimentar. Si quieres darle una vuelta a todo esto, siempre puedes escuchar el podcast completo y sacar tus propias conclusiones.