El mundo de la interpretación y la moda vive un constante diálogo entre el legado de las grandes musas de los noventa y la irrupción de nuevos iconos que redefinen la alfombra roja. En este escenario de contrastes, dos figuras acaparan titulares esta semana: Inés Sastre, que reivindica su supervivencia y su vuelta a Madrid tras décadas en París, y Teyana Taylor, que sacude la temporada de premios en Estados Unidos con una estética radical.
La resiliencia de una musa en el Barrio de Salamanca
Desde su residencia en el madrileño barrio de Salamanca, donde obras de Tàpies y Sicilia decoran las paredes en perfecta armonía, Inés Sastre reflexiona sobre la fragilidad y la fortaleza. La actriz y modelo acaba de recibir la tercera dosis de la vacuna de Moderna, un trámite sanitario que ha afrontado con humor y perspectiva histórica sobre su propia salud. «Me he venido arriba, aunque debo de estar muy inmunizada», confiesa Sastre, repasando un historial médico que parece sacado de una novela de aventuras: sobrevivió a la gripe aviar tras contagiarse en Bangkok durante una sesión para Telva —siendo salvada in extremis en el Policlínico de Roma—, y ha superado el cólera, la difteria y el tétanos. «Soy la prueba de la existencia de Dios: ¡sigo viva!», bromea, aunque el tono se torna solemne al recordar la reciente pérdida de su padre, un duelo que ha vivido desde una profunda espiritualidad.
Sastre, que el pasado diciembre fue galardonada con el premio a la modelo icónica por Magazine Lifestyle, mantiene una relación selectiva con la vida pública. Generalmente declina invitaciones a eventos que considera frívolos, pero hizo una excepción con este reconocimiento por considerarlo inspirador. Es el retorno de una mujer que Carlos Saura descubrió cuando apenas tenía doce años, tras verla en un anuncio de McDonald’s. Aquella niña tímida y observadora, a la que le encantaba escuchar la radio, escondía una dicotomía habitual en el gremio: la reserva del mundo interior frente al deseo de ser querida. Saura quedó hipnotizado y le otorgó el papel de Elvira en El Dorado (1988). «Fue una experiencia muy difícil, pero me permitió empezar a hablar a través de mi trabajo. Y en el rodaje me mordió un mono», rememora sobre sus inicios.
De la Sorbona a las pasarelas de los 90
La trayectoria de Sastre es un capítulo fundamental de la moda española. A los 15 años ganó el Look of the Year de Elite —un concurso al que no quería presentarse por considerarlo «horrendo»—, pero impuso sus condiciones: no ficharía hasta terminar sus estudios. Su paso por la Sorbona fue una prueba de tenacidad. Recuerda con viveza el cero que sacó en lingüística general en primer curso, llorando «en plan Sarah Bernhardt» y amenazando con volver a España. Sin embargo, el esfuerzo dio sus frutos y acabó compaginando exámenes con desfiles, llegando a clase a veces aún con la camelia de Chanel puesta.
Aquella época dorada, donde compartió protagonismo con cineastas como Antonioni, Wim Wenders y Sydney Pollack, y diseñadores como Armani o Lagerfeld, la consolidó como una pionera. Sastre reivindica aquel momento de los 90 como un cambio de paradigma en la concepción de la mujer a través de las revistas de moda. Hoy, tras tres décadas en Francia y con la distinción de Caballero de la Orden de las Artes y las Letras, ha vuelto a España. Ejerce de embajadora de Mesoestetic y, aunque asegura no haberse intervenido el rostro, mantiene intacta su elegancia y su rechazo absoluto a la «mala educación», lo único que dice detestar verdaderamente de la industria.
El “modo incógnito” conquista Nueva York
Mientras Sastre representa la elegancia clásica y la intelectualidad europea, al otro lado del Atlántico, Teyana Taylor encarna la provocación y la narrativa visual contemporánea. Apenas unos días después de alzarse con su primer Globo de Oro a la Mejor Actriz de Reparto por su potente interpretación en One Battle After Another, Taylor ha vuelto a demostrar que su presencia es sinónimo de espectáculo.
Si en la gala de los Globos de Oro sorprendió con un vestido personalizado de Schiaparelli que dejaba la espalda y la ropa interior al descubierto, su aparición ayer en el estreno neoyorquino de The Rip fue un giro de guion estilístico absoluto. Taylor optó por lo que podría denominarse “moda en modo incógnito”. Ataviada con un diseño de alta costura de Ashi Studio, la actriz lució un vestido negro transparente de cuello ultra alto que culminaba en una especie de máscara que cubría gran parte de su rostro. La pieza, de largo hasta la rodilla, destacaba por unas caderas exageradas en forma de corazón, fusionando la tendencia de las transparencias con una estructura casi arquitectónica.
Un camaleón en la temporada de premios
El estilismo, orquestado por el dúo Wayman y Micah, se completó con tacones negros con pulsera al tobillo, medias transparentes y joyería de Spinelli Kilcollins y Repossi. A pesar de tener medio rostro oculto, el equipo de belleza potenció su mirada con un maquillaje felino y unas cejas marcadas, coronado por un corte pixie rizado y una manicura cromada plateada que asomaba bajo las mangas transparentes.
La elección de Ashi Studio no es casual; la firma se ha convertido en un referente de la alfombra roja, vistiendo recientemente a Kylie Jenner y protagonizando momentos virales con Jenna Ortega. La casa se caracteriza por siluetas de reloj de arena y tejidos diáfanos, un estilo que Taylor ha hecho suyo. Su capacidad para transitar entre estéticas opuestas es notable: tan pronto aparece con un traje sastre de YSL y boas de plumas en los Critics Choice Awards, como luce un abrigo envolvente de Louis Vuitton o un corsé líquido de Miss Sohee Couture en Palm Springs.
Tanto Inés Sastre como Teyana Taylor, cada una en su contexto y generación, demuestran que la moda y la interpretación son vasos comunicantes, herramientas poderosas para afirmar la identidad, ya sea recuperando las raíces en Madrid o ocultándose tras una máscara de alta costura en Nueva York.